lunes, 23 de julio de 2012

Hoguera Expiatoria


Sentado a la orilla de la pequeña escalinata a la entrada del patio.
Reviso las cajas en las que guardo los recuerdos.
Recuerdos que no son míos; pero que custodio y repudio.
Enfrente de mi rostro la pira arde ya.

Uno a uno, sobres, cartas, fotos y papeles entran en las flamas y comienzan a humear.
En círculos se elevan al viento exorcizando viejos demonios.
El fuego y la tierra reclamaran todo lo escrito y limpiaran la suciedad que dejaron atrás.

Durante horas el calor alcanza mi cuerpo y en mi espalda el frío de lo dejado atrás.
Cada pedazo de papel al ser lamido por las flamas parce gritar mientras se encoge dejando cenizas.
Y del cielo un llanto más, que con dolor parece abrirse con un audible tronido.
La lluvia amenaza mi ritual; pero no es suficiente.

Las flamas han devorado todo. 
Solo brazas en agonía y charcos de lluvia veo.
El fuego no es más.
Y del suelo ahora nutrido, nuevos recuerdos surgirán.