miércoles, 11 de julio de 2012

De la Mujer y la Madera

Estoy recostada, el suelo terreo y húmedo enfría poco a poco  mi piel, trepa silencioso tornando mi piel aun mas pálida y azulada. No tengo ropas, no las necesito, no se necesitan ropas para llegar a donde voy.

El sol pasa entre las hojas de los arboles, tatuando patrones de hermosa claridad en las curvas de mi cuerpo,   el follaje otoñal cae lento acariciando mi piel.

De las pequeñas rocas, crece musgo, después de cientos de años o solo uno, este comienza a treparme, la mitad de mis muslos y mis hombros reverdecen y atrapan las gotas de roció matinal.

Mi cabello otrora largo, parece más corto, porque sus puntas se hicieron raíz, nutren a la tierra y son hogar de innumerables criaturas y materia prima para el nido de mil más.

Durante el invierno mi cuerpo se hace nieve, la vida que me invade retrocede en mí y por instantes me quiero levantar; pero mi profundo deseo, ese que me trajo a vivir este eterno destino, es más fuerte, es instinto.

En los días de primavera, espero expectante, todo revive, un riachuelo pasa por debajo de mi espalda producto del deshielo y un ocasional pez cosquillea mis caderas.

Todo reverdece y espero hacerlo también...

En mis ángulos ya hay telarañas, mis uñas tienen tierra en ellas y muchas partes de mi piel, cada verano se parecen más y más a la corteza de los arboles, ¿Cuanto tiempo más ha de pasar?...

Del verano al otoño y del otoño al invierno, la primavera renueva mis esperanzas, mientras mi vientre sigue plano... la vida vive en mí, cuando podre ser vida al fin...

¿Es acaso mi cuerpo tierra infértil? suelo estéril incapaz de procrear…

Cuando el llamado de la vida resonó en mis entrañas, la soledad radicaba en mí, busqué mil y más soluciones, trate millón y más embrujos y mi vientre seguía plano…

Decidí venir a la fuente de la vida, a nutrirme del mundo, a beber del elixir de la creación; pero aun sigo sola aquí…

¿Cuanto tiempo ha pasado, cuantos días he esperado, cuando podre ser madre?…

Dormiré, dormiré el sueño eterno, no buscaré más lo que no soy, la alegría que se me negó… moriré y dejaré que la tierra se nutra de mí y dé más vida de la que pude desear…

Es de día otra vez… mi final se acerca, lo que antes eran crestas y valles de femineidad ahora son grietas y desiertos, no hay forma de vivir más para esperar la vida.

Antes de volverme tierra y madera… de mi vientre brota algo, hace milenios no me muevo, con asombro levanto mi cabeza, observo lo que queda de mí y de mi ombligo brota algo…

Un retoño, es un joven árbol, se alimenta de mi sangre y respira de mi aliento, es fruto de mi semilla, me hace eterna como el sol, yo cobijo su tallo y vigilo su crecer, al final logre mi deseo, antes de morir vuelvo inmortal…

Al fin logre mi sueño... soy madre… no estaré sola jamás...