miércoles, 4 de julio de 2012

La Casa de Mi Casa

Inhalo con fuerza este frío aire de mañana, tan limpio que duele, como alfileres en mis pulmones.

El viento entra por entre cada una de las fibras de mis ropas y al exhalar me asalta la sensación engañosa de mi alma tratando de escapar y anidar más alto, en las nubes, donde no pueda volver a verla.

La luz es alba, la niebla es baja y con la consistencia del vapor en una taza de café.

En la calle, pocas personas andan, niños con mochilas y perros exaltados por el ir y venir de las madres correteando a sus críos. Yo veo todo esto desde la entrada de la casa.

A lo lejos los vendedores ponen a la vista sus productos y del noreste viene a mi el aroma del pan recién hecho.

Esta casa fue mi casa, huele a viejo, a flores y humedad, a pasto, tierra y polvo. Esta casa me vio crecer, en ella di mis primeros pasos y solté mis primeras risas.

En la entrada el piso café y amarillo, las lámparas de vidrio azul soplado, el pasillo que lleva a la cocina.

El comedor, testigo silencioso de mil fiestas, mis padres se casaron aquí y mi abuelo reía al calor de las copas y las bromas de mi padre.

A la izquierda un diminuto jardín, donde de niños jugábamos a ser exploradores en la jungla de las hojas elegantes de mi abuela. Hoy no caben dos personas al mismo tiempo.

El cuarto contiguo era lugar de reuniones conspirativas, una sala con su televisión y dotación completa de adolescentes, ahora el cuarto de mi abuela solitaria, a razón del dolor de verse viuda y no poder dormir más en el cuarto principal.

Ese cuarto a pesar de la pintura nueva y de estar lleno de muebles desconocidos para el, aún huele a mi abuelo y en la pared, a modo de recuerdo un círculo dejado por su cabeza tras años de quedarse dormido leyendo el periódico.

La parte de arriba de esta casa aún tiene vida, el taller, la segunda cocina, el cuarto de lavado, la terraza, todos tienen recuerdos para mi y me alegra ver que están igual.

Por la noche y antes de dormir siempre podrás encontrar a mi padre fumando y viendo al cielo pensando en no se que y a la vieja perra sentada a sus pies.

Mi madre guarda aún más memorias, cajas de añoranzas, cajones de juguetes, ropas y adornos de navidades de mi infancia y de la suya, ella creció aquí.

Mis hermanos ya no están tampoco, cada quien tomó su rumbo y apuesto a que también miran atrás.

Son muchos años de estar afuera, de salir del círculo central, me fui por mi cuenta y me fui sin voltear.

Aunque son muchos años de estar lejos, los llevó junto a mi, al pilar de las escaleras, a cada escalón, a los baños y sus estridentes colores, al pequeño jardín, a cada muro y su historia y a las que puedan venir.

Cuantas cosas han cambiado y la casa sigue ahí, vidas y muertes han pasado, gente vino y se fue, algunos para ya nunca volver.

Esa fue mi casa, aún lo es a veces, en sueños por las noches despierto y estoy ahí.

Necesito volver para estar, más no para recordar, pues con cerrar mis ojos durante cualquier mañana fría, puedo volver ahí, donde empezaron mis días, a mi casa infantil.