lunes, 18 de junio de 2012

Vigilia

Despierto una vez más, a mi alrededor todos aún duermen, la pequeña grieta entre la ventana y el resto del muro deja pasar el fresco aroma de la lluvia, lluvia qué, hasta hace unos minutos, todavía mojaba los pastos del modesto parque que mi tío mando a restaurar para nosotros.

Esa pequeña grieta de una forma tan sutil me hace pensar en todas las cosas que uno puede enmendar sin arreglar algo en verdad.

Detrás mío el suspiro de mi hermano menor me trae de vuelta a su tiempo. Por qué estoy despierto? No fue en esta ocasión uno de esos sueños, sueños ladrones del mismo, no era hambre, frío ó dolor alguno. Simplemente no tenía sueño.

Cuando se es niño, al menos en mis días, era inusual ser poseedor de un reloj y los aparatos electrónicos de la época carecían de algún modo para medir el tiempo...

Me levanto del delgado colchón que era mi cama esa noche y observo por aquella ventana al cielo buscando cualquier referencia que indicara la hora de mi despertar.

No hay estrella o Luna a la vista pero mi cuerpo me dice que el amanecer está próximo.

Sé que no estoy en mi casa y por eso llevo puestas las mismas ropas del día anterior.

Somos cinco esa noche en el improvisado dormitorio, los otros cuatro muy dormidos no se percatan de mi vigilia, de mi invasión a la paz de sus sueños.

Vuelvo a ver por la ventana mientras un automóvil en su transitar, desplaza con sus llantas el agua del asfalto. Gente hacia sus trabajos, pienso. El despertar de todos no debe tardar...

Una vez, dos veces parpadeo, protejo su dormir, dos mis hermanos, dos más mis primos, tres, cuatro veces parpadeo y el descanso vuelve a mí, aún es madrugada y el Sol no va a salir.

Otra vez despierto; pero ahora estoy aquí y como aquella noche en vela soy el único sin dormir, la idea es la misma que en esa noche lejana, noche de mi infancia en que por cuidar el sueño de los míos, contento el mío perdí.

Tras tantos años hoy lo entiendo, tres y casi cuatro hoy veo junto a mí, una es mi esposa, dos son ya mis hijos y un tercero por venir.

Cuantas noches a mí padre le vi perder, cuantas tantas de ellas las regalo sin pensar, qué es una noche en vela cuando es por los tuyos cuidar...
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Gracias Papá, que aunque el tiempo nos separó, la distancia nos unió.

Te amo Padre mío, tu hijo...
Silent Crow.