miércoles, 27 de junio de 2012

Erato

El grito de la flor que es tu boca, sonoro en mis adentros, cual cigarra de madrugada, taladra mis entrañas

Tengo hambre de ti, de tu pan perfumado, de tu vientre de vainilla que es cura y amuleto en mi andar por este mundo.

Deseo desmedido, que inicia silencioso, como nota tímida, igual a ventisca de otoño, tranquila, silenciosa.. pero a veces es súbito, rápido y vertiginoso, se transforma en huracán, en torrente incontrolable que halaga y duele.

Desistir del júbilo saboreable que es relatarte, es para mí, como frotar el cuerpo en contra del serrado borde de la razón.

Eres mi musa y mecenas, eres fuente inagotable de sabiduría y vórtice de mi soledad.

Llegaste sin avisar, con tus ropajes de noche y madrugada, con tus labios y su sereno tremor, extraña aparición de mis días tempranos.

Lastimada y aguerrida, altanera y frágil, deseosa de atención y soledad.

Te soñé, te sueño y te realizo. Te aprisiono y en tu cautiverio pareces felíz.

El cruzar de las sendas que nos pertenecen, era destino casual, convertido en historia escrita. Llegué para ti y en mí te encontré y cuando te encontré jure no dejarte ir.

Cuanto tiempo me quede en este plano a tu lado, no será suficiente y cuando las aguas del olvido mezclen mis cenizas con arena y sal, gritaré tu nombre...