jueves, 21 de junio de 2012

Canción Nocturna

Y así al final del día, viendo al sol bajar tras la maraña de nubes, sentí el deseo de cantar, sentí el deseo de elevar mi voz y desgarrar mi garganta.

Gritar los tonos de la vida y sentir cómo en resonancia perfecta nuestras almas se unían.

Era tarde ya, pero bien iluminado estaba a la salida del túnel donde te esperaba.

La muerte estaba fresca en tu alma y el dolor de la misma permeaba por tus poros; pero en camino a nuestro encuentro estas.

Deja que los muertos estén muertos.

Es tarde, ya no hay vagones, el sendero a mi cuarto es imposible de recorrer.

En donde espero mucha gente veo pasar, el viento es frío, los padres arropan a sus hijos y yo cantando veo mi aliento círculos formar.

Unos me ven con gracia, otros más con temor, la visión de un hombre en el suelo sentado que sin pena canta al amor.

Y amor es lo que espero mientras observo él reloj, pasada la media noche el cielo hace segunda a mi voz. Tormenta nocturna llena de truenos y susurros.

Ciño a mí cuerpo mí delgado abrigo, más de cuatro horas he estado aquí, sin fin de personas llegaron y se fueron, incluso el canto del viento se ha ido a dormir.

Y después de un tiempo tú rostro veo surgir, de entre las filas de gente viajando. Tu cara es tú nombre, mí amargo y dulce amor.

Tomo tu bagaje de prendas y dolor, tu cuerpo es mi cuerpo, mí canto a tí llegó.

Tus labios de dulce y sal tiritan por llanto y risa. Ven a mis brazos niña mía y en tu oído dejaré mi canción, caminemos juntos en la noche, encontremos un refugio para dos.

Yo curaré tu duelo mientras tú alivias mi solitario corazón. Y ya de noche juntos cantemos, cantemos al amor.