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martes, 4 de septiembre de 2012

Cuarta y Ultima Parte

( A la Primera Parte aquí )


…Con su cerebro registrando cada uno de los ligeros sonidos que el viento le revelaba decidió desplazarse cual pequeña persona sin un año de vida, abriéndose camino con palmas y rodillas.

Todo a su tacto era verde y los aromas eran húmedos, con el sabor de la vida, la asfixia del silencio y la penumbra de la noche eterna no parecían ser igual de terroríficas, no comparadas con la sensación tibia de la masa amorfa que ahora era el cuerpo del Doctor.

Con cierto alivio dejo al cadáver atrás moviéndose en dirección hacia donde el viento parecía mas fresco y los sonidos indicaban un mayor espacio.

Las rocas eran suaves, pulidas y trabajadas por el agua durante milenios y de lo que parecía ser el techo caían de cuando en cuando las gotas que con caricias abandonaban sus grietas desde la superficie.

Todo indicaba que estaba en alguna especie de caverna, algún flujo olvidado del rio en el que estaba antes.

De pronto algo capto la atención de su piel, la textura inconfundible de la corteza de un árbol, al principio pensó que se trataba de un viejo árbol caído ya que su largo se extendía en horizontal, hasta que siguiéndolo se encontró frente a la unión entre este o esta y el cuerpo principal de la masiva planta.

Usando de soporte el tronco, trato con dificultad rodearlo tropezando varias veces con las demás raíces que sobresalían del rocoso y lleno de musgo suelo.

Maravillado por la enormidad del ente por poco omite la única pieza que no encajaba en la corteza, cabello, rígido, punzante, sobresaliendo de una nariz bulbosa y sobre una sonrisa que resonaba a través del tacto… El Doctor estaba frente a él…

Con un miedo penetrante trastabillo y su espalda encontró una de las raíces, mientras que con instinto buscaba como defenderse, el Doctor avanzo un par de pasos, hizo un sonido turbio al pasar aire de manera violente por sus orificios nasales para escupir y comenzó:

-Como sabes que estas vivo- no era pregunta ni afirmación- como sabes a que sabes si no te has probado nunca, si nunca te has comido, como te nutres de ti, como te alimentas, como creces- continuo en tono plano.

-Cuando y cuanto vives, como y cuando mueres, yo soy muerte y vida, tu muerte y tu vida.

El sujeto, temblando en impotencia escuchaba sin desearlo y pensaba o recordaba que nunca había conocido al Doctor antes… que no había forma de saber porque lo pensaba Doctor… ¿Quien era él? ¿Que era él?...

¿Como habían llegado hasta aquí? ¿Y que era aquí?...

Y en un instante todo cobro sentido… en un momento todo volvió a su lugar… sus ojos estaban ahí y su boca se estaba moviendo… en su mente “yo existo” se repetía sin cesar y a sus oídos llegaron sus palabras…

“Cuando y cuanto vives, como y cuando mueres, yo soy muerte y vida, tu muerte y tu vida… yo soy tú, o mejor dicho, yo soy yo...”

El árbol se envolvió de llamas y el suelo tembló, frente a él estaba él mismo y su larga vida se consumía a sus espaldas.

El fin violento trajo nueva luz a su mirada, su  cuerpo daba vueltas, el vértigo se apodero de todos sus sentidos y las imágenes de la muerte en el campo de batalla se tornaron nueva realidad…

En sus manos el arma incendiaria, un lanza llamas, rociaba muerte a las pequeñas chozas de paja donde el “enemigo” vivía… Confundido por la onda expansiva de alguna explosión su mente le revelo su verdadero ser, en otra vida salvaba vidas, en esta las tomaba sin pensar o al menos eso creía
.
El vistazo de su infierno personal, la angustia de su corazón acallado y ciego por la inercia de las ruedas de acero carcomieron su mente y redujeron su espíritu a cenizas… como las que ahora flotaban en el aire.

Y en pesadilla y epifanía su risa, la risa, resonó en lo profundo de su ser y el verdadero enemigo revelo su rostro y el rostro era el suyo…

Desmontando los contenedores de su espalda y posándolos en el suelo, sin miedo a la muerte en ráfaga de plomo, retiro de su cinturón el arma corta y disparo contra los tanques de combustible envolviéndose en el pegajoso químico de muerte ardiente.

Como el árbol en su visión, su grandeza y raíces ardieron ante el candor de sus pecados…

La muerte llego a sus manos y nada sería sorpresa en el mas allá, pues ya había visto el infierno antes de llegar a el y quedarse para siempre…



jueves, 9 de agosto de 2012

Tercera parte.

( A la Primera parte aquí )
...Mientras su cuerpo se desplazaba a través del aire, durante lo que parecía una eternidad, trató de despertar.

Seguramente esto es un sueño, buscaba reafirmar en su mente; pero la caída continuaba en la penumbra de aquellos que no perciben ninguna luz, de los que son ciegos.

En su rostro, el espacio vacío tras sus párpados sellados, revelaba no sólo ceguera, si no ausencia absoluta de órganos visuales...

Sus oídos trabajaban al doble y aún así seguía cayendo, no había nada al rededor, ninguna referencia que le indicará cuan rápido o cuanto había ya descendido a merced de la gravedad.

Y de pronto de arriba hacia abajo y a mayor velocidad que la suya, escucho con claridad la risa macabra del Doctor, justo después de esto se le alcanzó oír decir "aún falta más" y después el sonido peculiar de un cuerpo chocando contra el suelo a velocidad terminal...

Con un grito que no existió, el sujeto sabía su destino, moriría de igual forma, aplastado.
Su horror era mayor al no saber la distancia que a él le faltaba...

Pero el choque nunca llegó, sin dolor, suavemente, sintió en sus piernas expuestas y las palmas de sus manos, la caricia del pasto y la humedad del rocío...

( A la Cuarta y Ultima Parte aquí )

jueves, 2 de agosto de 2012

Primera parte.

No recordaba como había empezado su viaje o el motivo del mismo, cuando abrió los ojos estaba con el Doctor en una pequeña balsa hecha de troncos flotando por un calmo río.

Al absorber con su mirada todo el entorno trató de incorporarse, sólo para darse cuenta que tenía varios vendajes en las piernas.

El médico le dijo relajado, que sólo eran para evitar una infección, las sanguijuelas se habían estado alimentando de la parte en la cual sus pantalones no cubrían la piel de sus piernas.

La luz reflejada en la superficie del agua se sentía como un millón de agujas al rojo vivo en su cabeza.

Cuanto tiempo había estado flotando en la improvisada embarcación y cuál había sido su última comida, eran los cuestionamientos que pasaban por su mente.

El Doctor, un hombre robusto, con anteojos y un bigote negro estilo morsa, le preguntó si se sentía mejor,a lo que el hombre respondió moviendo su cabeza y hombros en señal de desconcierto.

Cuando trató de hablar se sorprendió al saber que no recordaba como hacerlo, ni siquiera recordaba como mover los labios.

Intentó gritar; pero todos los esfuerzos parecían inútiles, el no saber si alguna vez había hablado o si era un fenómeno nuevo perdió toda importancia cuando el bigotón galeno tomó un remo y comenzó a sumergirlo con alarmada rapidez en el lecho del río...

Frente a ellos las turbulentas aguas blancas características de los rápidos parecían extenderse más allá de lo largo que es el tiempo...

( a la Segunda parte aquí )